SEBASTIÁN ROSSO / LA GACETA

El fotógrafo Christiano Junior hizo una serie de vistas en Tucumán, entre las que se encuentra el rancherío de Lules, que presentamos. Ésta y las fotos que motivaron el artículo (en esta sección) del 07-05-2016, están fechadas entre 1882 y 1883, aunque su estadía en la provincia duró muchos años más, y constituyó el final de su intención desmesurada de fotografiar todo el progreso de la República.

Un gran viaje

La vida de José Christiano de Freitas Henriques Junior fue un gran viaje. Nació en las islas Azores. En la primera mitad de la década de 1860, lo encontramos ejerciendo el oficio de fotógrafo en las ciudades brasileñas de Maceió, primero, y Río de Janeiro, después. Luego de un paso por la ciudad uruguaya de Mercedes, llegó a Buenos Aires en enero de 1867, donde se instaló. Sus trabajos se hicieron de una pronta fama: En la Exposición Nacional de Córdoba, de 1871 obtuvo la medalla de oro, mientras la casa porteña, de Florida 159, “entregó más de cuatro mil fotos”, entre 1873 y 1875. Para esas fechas, el retrato era el principal sostén económico de los estudios; luego venían las vistas urbanas, que ocupaban un lugar no menor en el negocio.

Alentado por esa buena recepción, y por una concepción de la fotografía como reservorio de identidad colectiva, en 1876 hizo su primera versión del “Álbum de vistas y costumbres de la República Argentina”. Contenía 12 tomas de la ciudad de Buenos Aires. Pronto hizo un segundo número, también con doce fotos. Su idea fue entonces, seguir con las provincias hasta completar una obra que abarcara a toda la joven república. Pretendía financiarla con la venta previa del trabajo a cada gobierno provincial. Decidido, en 1878, vendió su negocio porteño a la firma Witcomb & Mackern, que luego sería la afamada Casa Witcomb.

Gira por Argentina

En mayo de 1879 emprendió su viaje: al principio recaló en Rosario y, de ahí, Córdoba, luego Río Cuarto, Mendoza, San Juan y San Luis. Las visitas fueron rápidas en muchos casos: en Rosario estuvo entre mayo y agosto, en Córdoba, entre agosto y octubre.

Tampoco pudo mantener una continuidad en su recorrido: Volvió a Buenos Aires para participar, con las fotos que había tomado en Cuyo, de la Exposición Continental que se inauguró en marzo de 1882. Ese otoño partió nuevamente a Santiago del Estero y Catamarca. En julio de 1882 ya estaba en Tucumán, donde hizo las fotos mencionadas. En marzo del 83, partió para Salta. Abril y mayo estuvo en Jujuy.

Cuando encaró las vistas para el álbum, se concentró en los espacios que remitían a la producción, a la riqueza y al poder del Estado. Se destacan edificios públicos, plazas y fábricas. Entre algunas pocas escenas rurales, se encuentra esta de Lules.

Su preocupación por mostrar los signos de una nación libre y moderna, hizo de su trabajo un conjunto homogéneo, en el que “su mirada fotográfica respondía al pensamiento ilustrado de la época, que quería dejar rápidamente atrás la Argentina pastoril y colonial”, al decir de los historiadores Alexander y Príamo. Tanto imagen como texto acompañaban esta idea. En el caso de los tipos de costumbres, junto al vendedor de naranjas, Junior publicó: “El naranjero de la ciudad de Buenos Aires es un hijo del progreso. Tipo sin precedente, ha surgido y tomado formas acabadas en medio del movimiento regenerador que en la República Argentina sucede a las viejas costumbres de la colonia”.

Volvió a Tucumán en junio de 1883. Aquí vendió su álbum a la Corporación Municipal de Tucumán, al precio de 500 pesos (Ver recuadro). El 12 de ese mes, Christiano Junior compró la Quinta de los Azurmendi, en Arroyo Hondo, donde se instaló entre 1883 y 1884. También abrió una casa fotográfica en pleno centro tucumano, Laprida al 100, en sociedad con el fotógrafo Eduardo Lecoq. En 1885 deshizo la sociedad.

En octubre de 1886, donó a la provincia un terreno para la erección de una capilla y una escuela en Arroyo Hondo. A partir de aquí la información biográfica se hace más escueta. Para 1899 se encontraba en la ciudad de Corrientes. Finalmente murió en Asunción del Paraguay, en 1902.

Recuperar al Sr Junior

Aunque parezca increíble, la excepcional obra de este fotógrafo empezó a ser valorada desde hace pocas décadas. Quienes ahondaron en la biografía de este artista y emprendedor trashumante, fueron Abel Alexander y Luis Príamo, en la edición de la Fundación Antorchas, “Un país en Transición, fotografías de Buenos Aires, Cuyo y el Noroeste”. Gran parte de los datos los tomamos de su texto. Alexander, quizá el especialista más renombrado en fotografía argentina antigua, cuenta que descubrió la obra de Junior cuando, hace 30 años, viajó a Mendoza, a investigar la obra de otro pionero del oficio. En su estadía en Cuyo pudo ver fotos de este entonces desconocido portugués, a quien dedicaría, a partir de ese momento, gran parte de su atención.

La colección de fotos, es hoy una joya iconográfica que revela el brillo de las promesas de un final de siglo con todas las luces. Donde todo parecía progresar sin manchas y sin dobleces. La especialista Verónica Tell, una generación más joven que Alexander, llevó las pesquisas hacia otras profundidades: “Lo que se distingue en este proyecto, es la voluntad de mostrar una imagen particularmente positiva de la ciudad, enfatizando sus rasgos modernos”. La intención de Junior no fue otra que mostrar “la construcción de un mundo material a través de las numerosas obras públicas”, donde se corporizaba la consolidación del Estado argentino, y donde “la fotografía, constituía una herramienta eficaz para fijar esas transformaciones”. Para la autora, recién con el siglo XX aparecen fotografiados, los rasgos marginales y menos propicios de la modernidad.